Aromaterapia, la medicina natural que puede ayudar en la vida diaria (1ª Parte)

Aromaterapia significa literalmente “terapia con los aromas”, o el uso de los aceites esenciales de plantas con fines terapéuticos.

La aromaterapia es una terapia holística que considera la persona como un conjunto cuerpo-mente y que no solo contempla el síntoma, sino las causas subyacentes del problema de salud. Los aceites esenciales actúan tanto en el plano físico como en el mental.

Se pueden administrar de tal manera que no solamente hacen efecto a nivel químico, dentro del cuerpo, sino que también, al ser sus aromas tan poderosos, llegan directamente al espíritu. Por eso los aceites esenciales pueden ayudar a combatir enfermedades mentales como el estrés o la depresión, y ello sin recurrir a drogas químicas y peligrosas por sus efectos secundarios.

La aromaterapia puede ayudar en la vida de cada día a tratar los males comunes (dolor de cabeza, resfriado, indigestión, dolor muscular, dolor de muelas, quemaduras, insomnio, etc.), pero también tiene muchas otras aplicaciones, como por ejemplo para mejorar los cosméticos o para ser utilizado en el hogar.

Las aplicaciones de los aceites esenciales son tan numerosas e ingeniosas que probarlos es adoptarlos como estilo de vida más sano y natural.

Un poco de historia

En su historia, la aromaterapia no puede ser separada de la fitoterapia (que sigue siendo la medicina más utilizada en el mundo). La aromaterapia tiene raíces en las prácticas curativas más antiguas de la humanidad. Las plantas que utilizamos hoy para hacer los aceites esenciales se usaban miles de años antes de que se descubriese la técnica de destilación de los aceites. La gente primitiva ya descubrió que ciertas plantas, raíces, o frutas podían enfermar a la gente o, por el contrario, mejorar su estado. Cuando quemaban ciertos arbustos, el humo y los aromas ponían a la gente feliz, somnolienta, entusiasmada… El uso de incienso quemado ha pervivido en la mayoría de las religiones del mundo. En tiempos no tan remotos, quemaban tomillo y romero en los hospitales franceses para desinfectar los locales.

Los egipcios usaban plantas 3000 años antes de Cristo como medicina y cosméticos para embalsamar a sus muertos. Se han descubiertos papiros (el más antiguo data del 2890 antes de Cristo) que describen sus métodos de uso de plantas con fines medicinales. Hacían pastillas, polvos, supositorios, pomadas, etc. con una gran variedad de árboles y plantas (anís, aceite de ricino, cedro, cilantro, comino, ajo, uvas, incienso, etc…). No se sabe si los egipcios primitivos conocían ya la destilación, pero pinturas en las paredes de monumentos muestran que en el siglo III antes de Cristo, los egipcios ya dominaban una técnica primitiva de destilación.

Un poco más al este, los babilonios grababan sus fórmulas medicinales sobre tablas de arcilla. Uno de sus reyes ordenó que le construyeran un jardín de plantas medicinales. Se sabe que tenía manzanos, membrillos, pepinos, calabazas, ajo, cebolla, hinojo, azafrán, tomillo, mostaza, cilantro, rosas, enebro y mirra, es decir muchas plantas que utilizamos hoy en fitoterapia y aromaterapia.

Los griegos adquirieron sus conocimientos de los egipcios, y los mejoraron. Los soldados griegos llevaban pomadas hechas con mirra para tratar las heridas de guerra. Hipócrates, el “padre de la medicina”, menciona numerosas plantas medicinales en sus escritos. Dioscórides, médico, farmacólogo y botánico, recogió plantas medicinales en muchos países mediterráneos y los catalogó – “De Materia Medica”-, según sus usos, en cinco enormes volúmenes.

Los conocimientos de los griegos y los romanos fueron luego traducidos al árabe. El médico más famoso, Abu Ali al-Husayn ibn Abd Allah ibn Sina (980-1037 AD) nos dejó documentos donde se describe unas 800 plantas con sus efectos sobre el cuerpo humano. Es conocido también por haber inventado la técnica de destilación de los aceites esenciales.

En el siglo XII, los cruzados llevaron los “Perfumes de Arabia” a Europa junto con el conocimiento de su destilación. Los europeos empezaron a destilar plantas nativas del Mediterráneo –lavanda, romero y tomillo entre otros.

El invento del proceso de impresión permitió la publicación de libros que catalogasen fórmulas herbales, y desde el siglo XVI la gente que sabía leer ya tenía acceso a recetas de aceites en infusión, aguas aromáticas, decocciones, infusiones, y otros métodos de tratamiento con las plantas. Las amas de casa sabían preparar medicamentos caseros, pomadas, bolsitas de lavanda para perfumar el hogar y proteger la ropa de los insectos.

Por Leticia Huttel – La Gran Época

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