Chinos, vascos y vikingos: La verdadera historia de la conquista americana antes de Colón

Huesos de pollo milenarios encontrados en Chile, vuelven a la actualidad un tema polémico: la conquista de América prehispánica.

La que alguna vez fuera la próspera Dinastía Shang, se halla en la fase última de su ocaso. La persecución por parte del clan de los Zhou obliga al hijo del emperador derrocado a encomendarse en una empresa tan arriesgada como grandiosa: nada menos que 25.000 hombres leales a Shang se hacen a la mar dotados de la más prestigiosa flota marítima de la historia y del planeta. Las ostentosas naves enlazan con fortuna la denominada “Corriente Negra” oceánica, y en algunos meses su destino los conduce inevitablemente hacia las desconocidas tierras americanas. Su arribo es, probablemente, sinónimo de esperanza y de celebración. Sin embargo, su herencia material es limitada, y su legado histórico y cultural sólo podrá basarse en el florecimiento de generaciones futuras desde una base mucho más primitiva que en la lejana tierra de oriente. Pese a todo, los Shang se establecen en medio de la nada, dando origen a una de las culturas más intrigantes e influyentes de toda Mesoamérica: los Olmecas.

La polémica pero sólida teoría de que las primeras poblaciones americanas nativas fueron influenciadas por un grupo de chinos arribados a las costas occidentales cuatrocientos años antes que Cristóbal Colón, no es la única que propone que la llegada del almirante genovés a las Américas constituyó más que un descubrimiento de tierras inexploradas, un auténtico “último lugar” en cuanto a la historia de las inmigraciones poblacionales humanas.

El puntapié final de descubrimientos de esta “avalancha” continua de arribos hacia las costas americanas no está representado por ningún texto, relato o reliquia cultural, sino, nada menos que, por huesos de pollo. Hallados en medio del territorio chileno, estos curiosos pero importantes vestigios de ave evidencian un prehistórico contacto entre hombres polinesios y hombres americanos. El reciente hallazgo pone en evidencia que la controvertida hipótesis de que el pollo no había sido introducido en el “nuevo mundo” por los colonos europeos sino por visitantes de la lejana Polinesia, es prácticamente ineludible. “Los orígenes y la fecha de la introducción de las aves de corral o del pollo en las Américas ha sido una discusión candente durante más de 30 años”, según el equipo del hallazgo. Los pollos encontrados en Chile portan una mutación rara que, para beneficio de los científicos, hace posible establecer una relación genética entre estas aves y las especies halladas en Tonga y Samoa, verificando así una relación pre-hispánica entre ambos lados del mundo.

Pero el caso de las conquistas americanas precolombinas no culmina con chinos refugiados y balseros polinesios; los hallazgos arqueológicos también revelan que los vikingos, y probablemente los vascos, también incursionaron por la nueva tierra en algún momento de la historia. En el primer caso, la evidencia prácticamente no da lugar a segundas interpretaciones; todo parece indicar que en 1354, Magnus Ericsson, rey de los reinos unificados de Noruega y Suecia, patrocinó una expedición hacia la Groenlandia occidental en busca de los miembros sobrevivientes de una colonia noruega. Dicha expedición, tras saberse fracasada en un primer momento, e insistiendo en el afán de encontrar a sus hermanos perdidos, continuó su rumbo hacia el norte en un curso continuo de agua que terminó por hacerles hallar el fin en una isla de Minnesota, Estados Unidos, hacia 1362. Buena parte de estos pioneros escandinavos terminaron sus vidas en manos de los nativos americanos, y este hecho fue registrado en la piedra de Kensington, una laja que demuestra el paso vikingo por Estados Unidos y actualmente considerada como el objeto arqueológico más importante descubierto en tierras norteamericanas.

En el caso del descubrimiento vasco, la historia probablemente se sujeta menos a las evidencias; no obstante algunos investigadores sostienen que una veintena de hombres que partieron del golfo de Vizcaya y Bayona en 1412 arribaron al territorio de Terranova, donde curiosamente muchos topónimos son de origen vasco y ciertas voces euskeras parecen haber sido adoptadas por los nativos “Mimac” del Sureste de Canadá.

De cualquier forma, la historia y evidencia de las conquistas americanas precolombinas es tan abundante, que el proclamado “descubridor de América” no puede menos que ser categorizado como “último” en la lista de pioneros. Desde el enigmático hombre de Tri Cites (hombre de raza blanca hallado en tierras americanas unos 10.000 años en el pasado), hasta el fabuloso capitán de la flota china Zheng He, la historia nos cuenta que, a cada paso, nuestras concepciones concebidas como “nuestro pasado” deben ser reemplazadas por historias cada vez más inverosímiles.

El último, pero probablemente más significativo, arribo al nuevo continente vino una vez más de la mano del gran Imperio Chino. Las crónicas ilustran que el eunuco musulmán Zheng He bajo la Dinastía Ming, arribó y exploró América en 1421con una flota cinco veces más grande que la que su colega genovés utilizara 70 años después bajo el imperio español. El resultado de esta sucesión de asentamientos Ming, proporciona a los historiadores una fuente de investigación tan sorprendente como fabulosa: la relación entre el idioma chino y los idiomas olmeca y maya; mapas descriptivos de las tres Américas y Antártida; vestigios de naves chinas en costas americanas; establecimiento del Imperio Inca y el pueblo peruano, e innumerables evidencias materiales, sociológicas y culturales de las cuales generalmente se ignora su origen. Incluso algunos investigadores afirman que los mapas del propio Cristóbal Colón tuvieron un inevitable aporte de algunos realizados por navegantes orientales. Al parecer, después de todo, el descubrimiento de América no constituye un momento único en la historia, sino más bien una serie de acontecimientos de los cuales aún perduran sus mensajes.

Por Leonardo Vintini

redaccion@sohnetwork.com

 

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