Desarrollemos la agudeza sensorial para ayudar

En muchas ocasiones nos enteramos tarde del sufrimiento que alguien muy querido ha estado llevando sobre sus hombros. En este momento te sale de nosotros una dulce protesta, “Si me lo hubieras dicho antes, si tan solo hubieras pedido mi ayuda, si me hubieras hecho participe de aquello que te estaba ocurriendo, entonces sin duda te habría ayudado”.

Estos comentarios son la mayoría de la veces una parte sinceros y por otra parte revelan hasta qué punto las personas hemos perdido esa agudeza sensorial que nos permite descubrir el sufrimiento de otras personas antes que ellas pidan ayuda.

Cuando uno cae en medio de las corrientes de la vida, no sabe cómo actuar, no  nos hemos preparado para ello, nos encuentra desprevenidos y, además, avergonzados por la caída hace que tendamos a replegarnos sobre nosotros mismos, a aislarnos, y a no pedir ayuda. Parece como si buscáramos que en ese empequeñecimiento que experimentamos se hiciera más difícil para los demás descubrir la situación en la que nos encontramos. Si a pesar de todos, alguien nos ve, nota algo y nos pregunta, en lugar de revelarle lo que nos pasa , solemos responder ” Estoy bien , no me pasa nada, muchas gracias por tu interés, hasta luego.

Es muy complicado entender por qué a las personas nos cuesta  tanto pedir ayuda cuando hay  prácticamente siempre alguien a nuestro alrededor que nos la podría brindar. Tal vez no sería capaz de ayudarnos a resolver el problema, pero lo que si haría es escucharnos y eso en si ya puede ser una gran ayuda. Creo que hemos sido acondicionados para avergonzarnos si manifestamos nuestros sentimientos de soledad, nuestra confusión, nuestra pena o nuestro miedo.

El ser humano tiene tendencia a ocultarse, a negar, a disimular, a intentar  aguantar como sea  la fachada de un edificio que por dentro está en ruinas para que los que contemplen , sigan pensando que el edificio es maravilloso…

No puedo ni imaginarme la energía que tenemos que emplear y desgaste físico e intelectual que nos origina esta obsesión en mantener nuestra fachada.  Los sorprendente es que todavía la mayor parte de los seres humanos no nos hayamos dado cuenta de que en realidad el edificio que está tras la fachada no está en ruina, sino que en si es una maravilla y que , de hecho, en calidad y en hermosura es infinitamente mejor que la fachada que lo tapa y a la que atribuimos la única belleza.

Cuando uno vive en la oscuridad, abrir una rendija que deje pasar algo de luz puede parecer un gesto intrascendente y sin embargo, no lo es, porque cuanto mayor sea la oscuridad, mayor será el impacto de una pequeña luz. Ayudemos a los demás!

Por eso es de capital importancia que desarrollemos, por una parte, nuestra agudeza sensorial para detectar quien puede a nuestro alrededor beneficiarse de nuestra ayuda y, por otra parte, que jamás,  jamás nadie se avergüence de lo que es. Todos podemos cometer y cometemos  grandes errores y grandes torpezas y, a pesar de ello, se puede ser duro con la conducta y suave con la persona. Si atacamos a la persona contribuiremos a que el problema sea haga aún mayor.

Los verdaderos vínculos, la auténtica confianza y la complicidad sana y bella no se fraguan en medio de nuestros éxitos y de nuestros aciertos, sino cuando en nuestras caídas alguien nos da la mano para que nos levantemos.

Cada uno sabemos a cuantos hemos ayudado de una forma u otra  este año que está a punto de terminar, por mi parte, siempre he querido que quede en el anonimato a quien he ayudado, solo ellos saben quiénes son y hasta qué punto les he podido ayudar. Solo sé que lo hago con el corazón.

También se quien me ayudado y se lo agradezco de corazón. Mila Esker!

Por Maite Villafruela

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