El enigma rojo ¿Cuánto sabemos de Marte para su terraformacion?

Mientras más planea la ciencia acerca de la futura expedición al planeta rojo, más interrogantes surgen sobre las verdaderas posibilidades de una posible colonización.

Una visión del supuesto pasado y posible futuro del planeta rojo. Igual que en la Tierra, hay un océano y un continente. “Recuerdo que me quedé asombrado ante la primera imagen del vehículo de aterrizaje que mostraba el horizonte de Marte. Aquello no era un mundo extraño, pensé; conocía lugares como aquél en Arizona, en Colorado y en Nevada. Había rocas y arena acumulada y una eminencia en la distancia, todo tan natural y espontáneo como cualquier paisaje de la Tierra. Marte era un “lugar”.

Los últimos cinco años de este siglo han sido protagonizados por el calentamiento global, la tecnología Wi-Fi y las técnicas de invisibilidad; pero también han sido años prósperos para soñar con Marte. Años para debatir sobre la vida en el planeta, sus posibles orígenes geomórficos, sus reservas de agua líquida y las tácticas para una futura colonización. Sin embargo, los “ojos” de los satélites espaciales terrícolas que apuntan hacia este amigo helado, también han provocado la caída de algunos enigmas y el surgimiento de muchos otros. ¿Estamos realmente preparados para pensar en Marte? La respuesta es mucho menos rotunda que un “si”, y más aproximada a la duda de lo seguramente quisiéramos.

Marte es un lugar prometedor, mucho, pero mucho más acogedor de lo que probablemente encontraríamos explorando por nuestros propios medios, decenas de sistemas planetarios en varios años luz de proximidad. Se podría decir que el destino o el “azar” han favorecido a la humanidad con un posible segundo hogar para su desarrollo.

No obstante, el planeta rojo aún conserva una distancia tal con nuestra Tierra, que nuestra moderna tecnología espacial no ha sido capaz de poner ni a un solo ser humano sobre su suelo; se ha mantenido una suerte de barrera de “intimidad”, tal como la que parece conservar un conocido por quien nos afanamos en ganar como amigo. Sus superficies son heladas y su atmósfera demasiado hostil como para albergar algún tipo de vida; al menos, demasiado inclemente para la vida humana. Los experimentos desarrollados por la tecnología humana sobre la superficie marciana, y las miles y miles de fotografías e imágenes de resonancia logradas por los satélites que lo circundan, nos han mostrado casi con total certeza, que Marte alguna vez gozó de agua líquida. Hubo lluvias, ríos, lagos y hasta un modesto océano. Estas son las características que más califican a Marte como el candidato definitivo para el proceso de transformación humana conocido como “terraformación”.

Aunque la atmósfera marciana sea extremadamente enrarecida, su clima no supere los -50º centígrados bajo cero, y los rayos ultravioletas hagan que cualquier forma de vida compleja sufra una fritura acelerada de sus tejidos, todos estos problemas podrían encontrar su solución mediante una sola movida de piezas: el descongelamiento de los casquetes polares y los bancos de agua ocultos bajo la polvorienta superficie. Pero aún así, el agua no es lo único que se halla oculto bajo la influencia del planeta hermano. Cuando en 1971 la sonda Mars 3, de origen soviético, posó sus ruedas sobre la tierra oxidada de Marte, muchos científicos “terrestres” experimentaron el júbilo de una nueva era de exploración. Pero a tan solo 20 segundos de transmisión de imágenes marcianas, el pequeño “gadget” culminó inexplicablemente con la misión que había costado muchos meses y billetes de preparación a la ex-Unión Soviética.

Tan solo dos años después, en 1973, la Mars 6 se encaminaba al mismo destino que la hostilidad marciana había depuesto para su predecesora, con la diferencia de que en esta oportunidad, la sonda no pudo más que transmitir un segundo de imagen antes de que su cámara quedara totalmente en negro. Idéntica suerte corrió la nave Phobos II, cuando en 1989 intentaba acercarse a “Phobos”, una de las dos raras lunas de Marte. Las especulaciones científicas para dichas fallas incluyen vientos violentos y fragmentos de roca viajando en la inmensidad del espacio (la sonda Phobos II captó un objeto extraño antes de apagarse, al que muchos atribuyen un origen inteligente), pero en ningún caso, tal vez a excepción de la Mars 3, los hechos fueron esclarecidos.

También existen enigmas acerca de las estructuras geológicas marcianas; a pesar de que la Mars Express lanzada por la ESA esclareciera en el 2006 que la misteriosa “cara” de Marte se trataba tan solo de una formación rocosa, las 1200 imágenes de alta definición que la Mars Reconnaissance Orbiter puso el presente año a disposición de los internautas, deleitan y en algunos casos intrigan a los científicos, con extraños accidentes en la corteza marciana, cuyo origen es muy difícil de explicar.

Tal vez Marte se convierta en un futuro medianamente cercano, en una solución al dilema de la explosión demográfica que acosa a la humanidad; pero tal vez aun falte mucho conocimiento acerca de un inhóspito planeta rojo, antes de convertirlo en un “amigo” confiable. Seguramente la apremiante solución a la problemática de recursos alimenticios, energéticos y aprendizaje de correlación con nuestra naturaleza, deba transitar un camino de aprendizaje dentro de nuestro pequeño “hogar” azul, antes de trasladar situaciones humanas hacia un nuevo rumbo.

Por Leonardo Vintini

redaccion@sohnetwork.com

 

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