El misterio de Tunguska

El 30 de junio de 1908 se produjo un estallido 1000 veces más poderoso que el de la bomba de Hiroshima y aún hoy no tiene explicación.

La mañana del 30 de junio de 1908, en la zona occidental de Siberia, Rusia, sucedió uno de los sucesos más controvertidas en la historia de la ciencia; hasta el día de hoy, ningún investigador puede determinar a ciencia cierta, que sucedió en el bosque de Tunguska.

Con un estallido 1000 veces más poderoso que el de la bomba atómica de Hiroshima, la explosión en Tunguska dejó como testigo a toda una arboleda de 8 kilómetros a la redonda de su epicentro, tumbada como si de fichas de dominó se tratase.

Las hipótesis respecto a lo que sucedió aquel 30 de junio en la desolada Tunguska, son demasiadas y dispares; desde un simple cometa, pasando por una nave espacial estrellada y siguiendo con un experimento secreto de Tesla.

El último hallazgo en Tunguska, dado de la mano del geólogo marino Luca Gasperini, es la extraña forma del fondo de uno de los lagos de la zona, ubicado a 5 millas del supuesto epicentro del impacto. Esta evidencia, aporta puntos a la teoría del impacto de un meteorito, dado que el fondo de embudo del lago Cheko, parece no ser nada igual al fondo de un lago común o de otros lagos de la región. Esto sugiere que la cuenca pudo haberse formado tras el desprendimiento de un fragmento del supuesto cometa, y luego dar lugar a lo que en principio, parecía otro lago normal.

Sin embargo, lo que sucedió en Tunguska no termina de estar claro. Uno de los hechos más llamativos del acontecimiento, es que en los cientos de expediciones científicas y no científicas, no se han encontrado los trozos de aquel coloso del cielo que parece haber caído en el bosque; asimismo, no existe en el lugar ni el mínimo indicio de un cráter de impacto, por lo que su supone que el cuerpo tuvo que haber hecho explosión, algunos metros antes de tocar el terreno.

El “cráter” del lago Cheko continuará investigándose con el fin de encontrar una pista a lo sucedido en Siberia aquella enigmática mañana de 1908.

por Leonardo Vintiñi

redaccion@sohnetwork.com

 

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