Enfermedades de las naciones pobres son poco investigadas

Investigadores concluyen que los pobres del mundo se encuentran en “doble riesgo” al experimentar la carga de salud más alta a causa de enfermedades que se estudian menos.

Un nuevo análisis de casi cuatro millones de artículos científicos concluye que la investigación está enfocada de manera desproporcionada sobre las enfermedades que aquejan principalmente a los países ricos.

“Nuestro estudio demuestra que la investigación en salud sigue el mercado, pero es probable que no solamente al mercado”, dice el autor principal James Evans, profesor de sociología en la Universidad de Chicago, director del Laboratorio de Conocimiento, y miembro principal del Instituto de Computación.

“Los investigadores de la salud son sensibles a los problemas que están tratando, a los problemas que los rodean, a los problemas de la Abuela. Los países quieren investigaciones con fondos que pesan sobre sus poblaciones. Cuando hay desigualdad en el conocimiento en salud, es cuando la balanza de morbilidad entre los países ricos y pobres es diferente, ya que los países ricos, que producen mucho, obviamente tendrán mucha más investigación”.

Para conducir este análisis, Evans y sus coautores Jae-Mahn Shim, de la Universidad de Seúl y John PA Ioannidis, de la Universidad de Stanford, se basaron en los datos de la Organización Mundial de la Salud y en MEDLINE, la base de datos de artículos de las revistas biomédicas de la Biblioteca Nacional de Medicina.

Carga Global vs Mercado Global

Los investigadores midieron la carga global de la enfermedad – número de años de vida sana perdidos por una enfermedad o discapacidad – en 111 condiciones médicas, y midieron estadísticamente la relación entre la carga de cada enfermedad y el número de artículos de investigación que estudiaron la enfermedad. Los hallazgos aparecen publicados en PLOS ONE.

Aunque esperaban encontrar al menos una poca influencia de la carga de enfermedad en la investigación, el análisis no encontró relación entre estos dos factores. De hecho, para ciertos tipos de investigación, como los estudios en animales y ensayos aleatorios controlados, una mayor necesidad global se correlacionó con menos investigación.

En comparación, los investigadores calcularon el “mercado” global para el tratamiento de cada enfermedad, multiplicando la carga de morbilidad local de cada nación, por la riqueza de ese país.

A diferencia de la carga de enfermedad en sí, el mercado global para tratamientos mostró una estrecha relación con la investigación: por cada 10 mil millones de dólares en pérdida por una enfermedad, el número de artículos de investigación sobre esa condición se elevó en un 3 a 5 por ciento.

Al interior de los países, los investigadores encontraron que la relación entre la carga de la enfermedad y la atención en las investigaciones era más fuerte. Por cada 10 millones de años perdidos por una enfermedad particular, en un país determinado, el número de investigaciones dentro de ese país sobre dicha enfermedad, se incrementó en casi un 75 por ciento. Pero debido a que la mayor parte de la investigación biomédica del mundo se concentra en los países desarrollados, la mayor parte de ese efecto se destina a la investigación sobre las enfermedades crónicas que causan más muertes en los países de altos ingresos.

Doble riesgo

Los investigadores concluyen que los pobres del mundo se encuentran en “doble riesgo” al experimentar la carga de salud más alta a causa de enfermedades que se estudian menos.

Para cerrar esta brecha, los autores sugieren una nueva estrategia para los esfuerzos internacionales de salud.

Además de la misión actual, de extender los avances de la medicina y la tecnología de los países desarrollados a zonas de menores ingresos, los autores sugieren que se debe hacer una mayor inversión para impulsar la investigación científica dentro de los países más pobres.

Distribuir las investigaciones aumentaría la cantidad de estudios sobre las enfermedades desatendidas como la malaria, el tétano y las deficiencias de vitaminas, y permitiría a los científicos estudiar estas enfermedades en el medio donde se presentan y sobre la población en la que son más frecuentes.

“A menudo se dice que nosotros sabemos todo lo que necesitamos saber, todo lo que puede ser conocido, acerca de muchas enfermedades y problemas de salud que enfrentan los países en desarrollo”, dice Evans. “Pero en repetidas ocasiones, los investigadores biomédicos encuentran que este “conocimiento” no siempre se traduce en tratamientos razonables y eficaces para los pacientes de ambientes con recursos limitados. En pocas palabras, necesitamos saber más”.

Por Robert Mitchum, Universidad de Chicago

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