Fauna silvestre se convierte en la mercancía más lucrativa luego de las armas y el narco

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Para los animales significa la desolación o la muerte, para los compradores un pasatiempo y para los traficantes miles de millones de dólares.

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El reducir al cautiverio a los animales silvestres y comerciar con ellos es uno de los negocios ilegales más lucrativos en todo el mundo, después del narcotráfico y la venta de armas.

El tráfico ilegal podría alcanzar los 17 mil millones de dólares a nivel global, según datos de la Interpol, citados en 2010 por la Fundación Omacha de Colombia. Por su parte la Fundación Eroski de España difundió en junio de 2006 que calcula utilidades por 160.000 millones de euros.

“Según nuestras estimaciones, unos 38 millones de animales salvajes -de los cuales 80 por ciento son pájaros- son capturados ilegalmente en la selva en Brasil y casi el 90 por ciento muere durante su transporte”, declaró a la prensa Rauff Lima, portavoz de la Red Nacional de Combate a Tráficos de Animales Silvestres (RENCTAS) de Brasil, según un comunicado de 30 de abril de 2012.

RENCTAS reportó que la depredación es de tal magnitud que extinguen especies enteras. La guacamaya azul silvestre (foto) de la película “Rio” se extinguió en el año 2001, y ahora sólo quedan en el mundo unas 70 en cautiverio, y apenas un par en el Zoológico de Rio de Janeiro, su país de origen, donde se le conoce como “ararinha” (Cyanopsitta spixii, por su nombre científico).

A su vez relacionó que el promedio de decomisos es de 295.000 animales por año en Brasil, los cuales significan una atención de alrededor de 8.000 animales normalmente famélicos o enfermos.

Colombia es uno de los países con mayor diversidad de fauna y de flora del planeta, lo cual lo convierte en uno de los mayores focos de rapiña. Las autoridades lograron recuperar anualmente alrededor de 58.000 animales desarraigados, entre ellos tortugas, iguanas, boas, loros, guacamayas, turpiales, sinsontes, micos, osos perezosos, jaguares, tigrillos, saínos, dantas, lapas y venados, informó en 2010 la Fundación Omacha.

Los traficantes venden vivos a los animales para ser utilizados como mascotas, muertos y disecados como trofeos de caza o curiosidades y no dudan en descuartizarlos para vender su carne y/o huevos para el consumo.

Su cuero o piel la usan para elaborar vestimentas; sus colmillos, huesos, órganos reproductores, plumas, pezuñas, patas, orejas, como afrodisíacos, medicinas o incluso para la brujería o prácticas espiritistas, afirmó en su portal la Red de Bibliotecas de Medellín, Colombia.

“Hablar de especies amenazadas de tráfico ilegal en Colombia es complicado, por la riqueza del país en este tipo de biodiversidad. Podemos hablar de que en el país hay más de 300 especies que son sujetas al tráfico ilegal, y que en consecuencia hay distintos grados de amenaza de esa biodiversidad”, expresó el Ministro de Ambiente, Carlos Costa Posada, en el lanzamiento del nuevo Régimen Sancionatorio Ambiental, en 2009.

175 países intentan minimizar el tráfico ilegal de vida silvestre, mediante CITES, sigla de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, además de ONG y organizaciones intergubernamentales, comunicó el Ministerio de ambiente de Colombia en marzo de 2013.

Por José Ignacio Rubiano – La Gran Época

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