Una historia sobre el robo de órganos en China

Se trata de una investigación meticulosa sobre la represión, tortura y asesinatos perpetrados por el Partido Comunista Chino.

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La Masacre: Asesinatos en masa, sustracción de órganos y la solución secreta de China para el problema de disidentes.

Por Ethan Gutman, Prometheus Books, 2014, 355 páginas.

 

Al autor Ethan Gutmann le preocupa que en un periodo donde 900 palabras de un tema verídico sean lo máximo que las personas ocupadas toleren sobre algo que va más allá de su rango de experiencias, su libro de 355 páginas no tenga la cantidad de lectores que se merecen los héroes, las víctimas y los sinvergüenzas que en él se presentan.

En realidad, su trabajo es atrapante y conmovedor como cualquier novela; incluso contiene 70 imágenes ilustrativas.

También se trata de una investigación meticulosa sobre la represión, tortura y asesinatos perpetrados por el Partido Comunista Chino (PCCh) en años recientes, teniendo como testigos personas directamente involucradas, generalmente sobrevivientes pero también algunos desertores.

Gutmann sabe poner en contexto la persecución a Falun Gong, tibetanos, uigures y comunidades cristianas independientes. El punto central es Falun Gong, ya que es el grupo atacado con más vicio y continuidad desde 1999, cuando el PCCh estimó por sí mismo el número de practicantes de la disciplina espiritual entre 70 y 100 millones de personas; aunque todos los grupos reciben una estrecha vigilancia.

Se da mucho espacio a la especulación de por qué el Partido estatal de Beijing arriesga tanto, incluyendo el respeto internacional, por atacar a grupos tan numerosos de sus propios ciudadanos. Gutmann también intenta que los lectores puedan sacar sus propias conclusiones, aunque sería difícil para cualquier persona razonable diferir marcadamente de las suyas.

Sobre el tema de la sustracción y saqueo de órganos, leemos acerca de testigos que pasaron por exámenes físicos en campos de trabajo forzado, prisiones y cárceles negras, con intenciones claras de evaluar compatibilidades de tejidos. Gutmann añade relevancia a las evidencias que David Matas, yo y muchos otros, compilamos sobre el robo de órganos a practicantes de Falun Gong, documentando crímenes similares perpetrados sobre uigures, tibetanos y cristianos independientes.

En el apéndice, el autor explica cómo llegó a su “mejor estimación” de que los órganos de 65.000 practicantes de Falun Gong y de “entre dos y cuatro mil” uigures, tibetanos y cristianos independientes fueron “cosechados” solamente en el período comprendido entre 2000 y 2008. Únicamente en China, ningún “donante” sobrevive a las sustracciones porque todos sus órganos son quitados para traficarse a precios elevados a los ciudadanos ricos chinos, y más elevados aún a los “turistas de órganos” del extranjero.

A partir de los informes de los medios de comunicación, La Masacre se convirtió en un tema relevante dentro de las recientes elecciones para alcalde de Taipéi. El ganador, el Dr. Ko Wen-je, ex cirujano jefe del Hospital de la Universidad Nacional de Taiwán, es uno de los héroes dentro del libro. En una entrevista extraoficial con el autor en 2008, Ko le contó que los cirujanos de una ciudad de China le informaron que todos los órganos para trasplantes provenían de practicantes de Falun Gong. Más tarde, con mucho coraje Ko permitió que esta revelación apareciera en el libro; y su publicación un día antes de las elecciones (el 29 de noviembre) aparentemente lo impulsó a ganar por una abrumadora mayoría, incluso cuando ahora esté prohibido en China.

En La Masacre, otros tres cirujanos son alabados por “no dañar” los principios hipocráticos: Francis Navarro de Francia, Franz Immer de Suiza y el Dr. Jacob Lavee de Israel. Al igual que muchos de nosotros, el autor tiene en alta estima la actual y efectiva campaña internacional de la ONG Médicos Contra la Sustracción Forzada de Órganos (DAFOH) para terminar con el tráfico y saqueo de órganos en China, y no está impresionado por los esfuerzos de supresión de muchas otras organizaciones de la salud y asociaciones médicas ocurridos hasta la fecha.

¿Por qué motivo la sociedad de trasplantes (TTS, por sus siglas en ingles), la entidad internacional creada para proveer una dirección ética a los cirujanos de trasplantes en todo el mundo, se muestra particularmente crítica?

En pocas palabras, el Dr. Huang Jiefu, ex viceministro de salud de China, llegó a admitir ambos, que los prisioneros constituyen virtualmente todas las fuentes de órganos para trasplantes y que él mismo realizó más de 500 trasplantes de hígado. Sin embargo, ni una sola vez admitió lo obvio: que los prisioneros de consciencia de Falun Gong, enviados a inhumanos campos de trabajo forzado por hasta tres años con la sola firma de policías, son los principales detenidos, y probablemente la única fuente en algunos de los muchos hospitales de China activos en trasplantes.

Huang declaró en marzo de 2012 que el Partido estatal de Beijing terminaría con las sustracciones de órganos en tres o cinco años, y más tarde afirmó que para el 2014 estaría terminado. Por esto recibió el apoyo de la TTS durante dos años, en los cuales no hubo dudas sobre muchas nuevas víctimas entre los prisioneros de consciencia. Indudablemente algunos de los portadores de órganos son de otros países, incluyendo aquellos más democráticos, que todavía no prohibieron el uso de órganos traficados.

Gutmann señala que Francis Delmónico, presidente estadounidense de la TTS, indicó a los miembros de DAFOH que no cree que haya suficiente evidencia para establecer que los hospitales chinos están sustrayendo órganos de prisioneros de consciencia. Actualmente, se ha vuelto claro para todo el mundo que el negocio del tráfico y saqueo de órganos continuará “como de costumbre” en China.

Las elocuentes palabras finales del libro se dirigen a todos nosotros:

“Ninguna entidad occidental posee la autoridad moral para permitir al Partido ir deteniendo un crimen de lesa humanidad a cambio de promesas de reformas médicas. Como un mecanismo de supervivencia de nuestra especie, debemos contextualizar, evaluar, y en última instancia aprender de cada descenso humano al asesinato en masa… Lo importante es que aquí hay una historia. Y solo las familias de las víctimas pueden absolver al Partido de su peso”.

Estas palabras vienen al final del claro y bien documentado relato de Gutmann sobre la masacre y saqueo de órganos para trasplante en toda China, y es la razón de por qué el mundo debería leer por entero todo lo que viene antes.

David Kilgour es un ex miembro del Parlamento de los Partidos Conservador y Liberal en la región sudeste de Edmonton, Canadá, y también se desempeñó como Secretario de Estado para Latinoamérica y África, Secretario de Estado para la Región Asia-Pacífico y ex portavoz de la Cámara. Es co-autor, junto con David Matas, del libro Cosecha Sangrienta: El asesinato de practicantes de Falun Gong por sus órganos. Tanto él como Matas fueron nominados para el Premio Nobel de la Paz en 2010. Para más información, ingrese a www.david-kilgour.com

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones de su autor y no reflejan necesariamente la visión de La Gran Época.

Por David Kilgour – La Gran Época

 Redacción Radio SOH 

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