Historias antiguas chinas sobre ovejas ofrecen sabiduría a los gerentes

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En honor al año de la oveja, mostramos tres historias de la antigua China plenas de sabiduría y sentido común, aún útiles y de interés en los tiempos modernos para los administradores y líderes de todo tipo.

Las organizaciones hoy operan en un mundo de incertidumbre, cambios rápidos, graves desafíos; y los nuevos retos que las administraciones necesitan enfrentar están siempre presentes y en evolución. Pero la buena noticia es que se puede extraer una enorme sabiduría de las lecciones de la historia, y la antigua sabiduría china es una de esas ricas fuentes.

Las “Analectas de Confucio”, por ejemplo, en su primer capítulo expone consejos atemporales sobre el tema de la educación, y específicamente el quinto verso habla acerca de la gobernabilidad.

Confucio, que vivió hace unos 2.500 años, dijo: “Para gobernar un país grande, hay que manejar los asuntos de manera prudente y seria, y también hay que ser siempre sincero, honesto y digno de confianza”.

“Ser frugal en la gestión de las finanzas (ahorrar y no malgastar), y amar y cuidar a las personas. Permitir que las necesidades del pueblo guíen el momento adecuado para la utilización de su fuerza laboral”.

Esto último refiriéndose a la antigua China que era una sociedad agrícola. El sabio estaba aconsejando a los gobernantes a esperar el momento adecuado en el calendario de siembra, para alistar al pueblo en los proyectos de obras públicas. Evitando así que se presentasen dificultades durante los períodos en que las personas estaban ocupadas en la agricultura y en otras actividades productivas esenciales para su subsistencia.

Otra de las fuentes de la antigua sabiduría China, aplicable al liderazgo y a la gestión es el famoso clásico “El Arte de la Guerra” del reconocido estratega Sunzi, contemporáneo de Confucio. Sunzi afirmaba que en la guerra, “la excelencia suprema no era luchar y vencer en las batallas, sino someter al enemigo sin luchar”.

En honor al año de la oveja, mostramos tres historias de la antigua China plenas de sabiduría y sentido común, aún útiles y de interés en los tiempos modernos para los administradores y líderes de todo tipo.

El Emperador acepta un buen consejo

Cuando hay demasiadas personas que dan órdenes y no hay suficiente gente para llevarlas a cabo, no hay un idioma de la antigua China que puede ofrecer algunas lecciones sobre cómo mejorar la situación. (Zhiching Chen / La Gran Época)

Cuando hay demasiadas personas que dan órdenes y no hay suficiente gente para llevarlas a cabo, no hay un idioma de la antigua China que puede ofrecer algunas lecciones sobre cómo mejorar la situación. (Zhiching Chen / La Gran Época)

La primera historia trata de un modismo que se originó del informe de un funcionario de alto rango de un antiguo emperador chino.

Hace unos 1.500 años, la dinastía Sui (581-618) fue establecida por el emperador Wen cuando unificó China después de más de 100 años de división entre el norte y el sur.

El emperador tenía algunos funcionarios judiciales leales dispuestos a ayudarlo en todo. Uno de ellos era Yang Shangxi (alrededor del año 533 a 590).

Yang notó algunos desafíos en el gobierno del país. Existían demasiados condados y demasiados funcionarios de condados debido a las diferentes jurisdicciones administrativas heredadas de las dinastías anteriores. Por lo tanto, la mayoría de los funcionarios eran responsables de pequeñas regiones solamente o no estaban cumpliendo ninguna función real, útil.

Esta situación no sólo significaba altos costos para el gobierno sino que también era un obstáculo para hacer las cosas bien. Yang se sintió muy preocupado, por lo que presentó un informe al emperador Wen.

Yang escribió: “En la actualidad hay muchos condados y demasiados funcionarios, es como tener 9 pastores para 10 ovejas. Esto eleva demasiado los costos económicos de la corte y en general toma mucho tiempo para hacer las cosas adecuadas”.

“Reducir el número de condados y de funcionarios es una prioridad urgente para el Estado. Recomiendo mantener sólo aquellas regiones administrativas que tengan sentido, y asignar funcionarios capaces a los lugares donde sean realmente necesarios. A los funcionarios que sean despedidos podemos ofrecerles otros trabajos”.

“Estos cambios permitirán que el gobierno reduzca en gran medida el gasto, y se podrá administrar los asuntos del Estado de una manera más eficiente y efectiva”.

El Emperador Wen siguió el consejo de Yang e implementó una serie de reformas centralizadas, lo que condujo a resultados muy buenos.

La frase 十羊九牧 (shí yáng jiǔ mù) en el informe de Yang, que literalmente significa “10 ovejas, 9 pastores”, más tarde se convirtió en un refrán.

El refrán describe una situación en la que hay demasiadas personas que dan órdenes y sin embargo, no hay suficientes personas para llevarlas a cabo.

También se utiliza para comunicar la importancia de contar con líneas claras de autoridad en la gestión de cualquier tarea u organización, de modo que no haya confusión o incertidumbre sobre las órdenes a seguir.

Siguiendo el camino correcto con determinación

La segunda historia trata sobre un refrán inspirado en una antigua historia acerca de la búsqueda de una oveja perdida.

Yangzi fue un famoso filósofo y estudioso de la época de los Reinos Combatientes (475-221 a. C.). Un día su vecino perdió una oveja y movilizó a toda su familia, así como a muchos otros en la comunidad para ayudar a encontrar al animal. Yangzi también envió a todos sus estudiantes y empleados para ayudar.

Cuando cayó la noche y todo el mundo volvió, Yangzi preguntó: “¿Han encontrado a la oveja?”

Uno de los sirvientes de Yangzi respondió: “Habían muchos caminos bifurcados, y cada uno llevaba hacia carreteras más bifurcadas. Como yo no sabía cuál era el camino a seguir, me di por vencido”. Los otros dijeron que se encontraron con la misma situación.

Yangzi se quedó pensativo y en silencio por un largo tiempo, y con una mirada muy seria, dejando a todos perplejos.

Luego de ponderar profundamente la situación, él enseñó a sus estudiantes el principio a seguir: “Cuando hay demasiados caminos laterales que divergen de la ruta principal, ustedes no podrán encontrar una oveja perdida, y podrían perder fácilmente su propio camino”.

“Del mismo modo cuando una persona tiene demasiados intereses divergentes de su principal objetivo, se puede desperdiciar fácilmente el tiempo”.

“Sólo existe una verdadera fuente de conocimiento, pero los caminos hacia la consecución de este conocimiento son muchos. Sólo siguiendo el camino correcto para volver a la verdad esencial puede un hombre evitar perder su camino”.

“Si no puedes encontrar la orientación correcta, no lograrás nada, al igual que aquellos que no lograron encontrar la oveja perdida”.

La expresión 歧路亡羊 (QI lù Wang Yang) de esta historia, significa literalmente “camino bifurcado, ovejas perdidas”, y más tarde se convirtió en un proverbio.

Se refiere a perder el camino, ir por el mal camino, o desesperanzarse y confundirse en una situación compleja donde existen demasiados caminos o alternativas posibles.

El refrán se utiliza para advertir cuando nos enfrentamos a muchas opciones y a cuestiones complicadas por lograr una meta, es probable que se vaya por el mal camino si no se tiene la determinación y se elige el camino correcto a seguir.

Un juez sabio transforma un conflicto

Tres corderos preciados, fueron presentados por un agricultor a su vecino como un gesto de amabilidad y amistad, demostraron ser una solución a un problema pegajoso. (Derek Abbott / iStock / Thinkstock)

Tres corderos preciados, fueron presentados por un agricultor a su vecino como un gesto de amabilidad y amistad, demostraron ser una solución a un problema pegajoso. (Derek Abbott / iStock / Thinkstock)

La tercera historia cuenta de un campesino en la antigua China, y de uno de sus vecinos que era cazador y dueño de varios perros de caza muy feroces y mal entrenados. Los perros con frecuencia saltaban la valla y perseguían a los corderos del campesino. El campesino le pidió varias veces a su vecino que mantuviese a sus perros bajo control, pero este no hacía caso.

Un día los perros de nuevo saltaron la valla y atacaron dejando gravemente heridos a varios de los corderos. El campesino se cansó y entonces fue a la ciudad para consultar al juez local.

El juez escuchó atentamente y dijo: “Yo podría castigar al cazador y le instruiría para mantener sus perros encadenados o encerrados en un galpón. Pero usted perdería a un amigo y ganaría un enemigo”.

Luego preguntó: “¿Qué prefieres tener, un amigo o un enemigo como vecino?”.

El campesino respondió que prefería tener un amigo.

“Entonces le ofreceré una solución que mantendrá a sus corderos a salvo, y que convertirá a su vecino en un amigo”, dijo el juez.

Después de escuchar la solución del juez el campesino aceptó. Una vez en casa, inmediatamente puso en práctica la sugerencia del juez.

Tomó tres de sus mejores corderos y se los ofreció como regalo a los tres hijos pequeños del vecino. Los chicos estaban fuera de sí de tanta alegría y empezaron a jugar con los corderos.

Para proteger a los preciados corderos de sus hijos, el cazador construyó una fuerte perrera para sus perros, y estos nunca más molestaron a los corderos del campesino.

Desde ese momento el cazador con frecuencia compartió con el campesino las presas que había cazado. El campesino le correspondía enviándole al cazador carne de cordero y queso que había hecho. En poco tiempo los vecinos se convirtieron en buenos amigos.

Según un dicho de la antigua China, “La mejor manera de influir y ganarse a los demás es con gestos de bondad y compasión”.

Por Duoyu Zhong y Cindy Chan – La Gran Época

redaccion@sohnetwork.com

 

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