Una imagen clara, un pantano limpio y una vejiga sana

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En la actualidad, vivimos en un mundo muy desarrollado y avanzado en el plano científico y tecnológico, que nos lleva a pensar que ninguna civilización previa ha podido alcanzar nunca nuestro nivel actual de conocimiento.

Pero si bien es cierto que tal desarrollo es evidente en muchos aspectos, dichos avances se centran en lo material y nos separan cada día más del verdadero conocimiento de nuestra naturaleza, la cual comprendían muy bien civilizaciones antiguas como la china.

Para constatar esto, hoy me gustaría hablarles sobre lo que representaba la vejiga, con su respectivo meridiano en nuestro cuerpo, para los antiguos médicos chinos.

El meridiano de la vejiga nace en la parte interna de los ojos, recorre la parte central de la cabeza hasta la nuca, y luego atraviesa toda la espalda, desplegando dos líneas energéticas que transmiten informaciones y directrices a todos los órganos internos de nuestro cuerpo. A continuación baja por la parte posterior de las piernas, por los lados de los pies, y termina en los dedos pequeños de estos.

Es el meridiano con mayor ocupación del cuerpo, y tiene su característica energética de “agua fría”. El “agua fría” representa la energía vital, y nosotros en esencia somos agua, y sin agua no hay vida. Tanto en las personas como en los animales, esta energía de “agua fría” es positiva, puesto que alerta al organismo ante los estímulos externos visuales. Los ojos captan la imagen, la conciencia o espíritu la recibe, la analiza y da las órdenes a través del cerebro a todo el organismo para reaccionar en caso de peligro inminente.

Para comprender un poco más sobre la vejiga, los médicos chinos utilizaban la imagen del dragón. Las leyendas cuentan que los dragones no son seres de este plano físico, sino que son animales sobrenaturales, fantásticos e impresionantes. Su cuerpo es el más exuberante, con piel de serpiente, poderosas uñas de tigre, poderosa mandíbula de cocodrilo, cuernos del órix, una persuasiva lengua bífida. El dragón se mueve desde los lagos más profundos hasta el cielo más alto, claro y limpio. Es decir, se mueve de un extremo a otro buscando siempre la tranquilidad.

Sin embargo, esta sociedad se mueve cada vez más como un dragón loco que busca el estímulo mental. Las películas que vemos están cargadas de sexo y violencia. Y lo mismo sucede con los programas que vemos por televisión, cuyos desenfrenados movimientos de cámara, rápidos cambios de plano y flashes de colores deslumbrantes nos mantienen en todo momento hipnotizados, incapaces de apartar la mirada del televisor.

En todo lo que hacemos, buscamos dar una imagen impactante y espectacular para conseguir un propósito, movidos por nuestros deseos de ganancia y fama. Exprimimos nuestra imaginación al máximo, inventando innumerables cuentos e historias fantásticas que terminamos por creer profundamente y que justificamos apasionadamente. Cada persona edita así la película de su vida, con su propio guión que nace de sus apegos, destacando su biografía y sus trabajos como lo más increíble, lo más sufrido, lo más heroico, etc..

Es así como los seres humanos estamos quemando nuestra vejiga y su meridiano, viviendo la vida del dragón loco. ¿Y qué sucede? El frío entra en nuestro cuerpo (pero no la frescura) y el miedo con él. Nuestra vista cada vez es más borrosa. Con la nuca bloqueada, la cabeza tiene más fuego y las piernas están más frías y paralizadas, la espalda más contraída, y nuestra columna vertebral hace eses, como nuestros pensamientos.

Y ¿qué decir de los órganos: corazón, pulmones, hígado, riñones, estómago, que reciben todos los estímulos nerviosos por medio de la columna? El corazón termina nervioso, los pulmones ansiosos y angustiados, el hígado preocupado e histérico, los riñones sin paciencia, el estómago sin compasión. El pantano se desborda, y aparece la incontinencia urinaria, la eyaculación precoz, etc.. 

¿No somos entonces responsables de nuestra propia salud? Como dicen los sabios, uno es lo que ve, lo que escucha, lo que come y lo que respira. Por eso, un corazón limpio y bondadoso da lugar a una imagen clara y transparente, que refleja la belleza más maravillosa y sobrenatural.

Por Roberto C. de la Cuerda Especial para La Gran Época

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