A diferencia de nuestra compañera Andrómeda y del otro 93 por ciento de las galaxias del universo, nuestro pequeño hogar parece haber estado predestinado desde el principio para la manutención de la vida.

Al contrario de los que supusieron generaciones enteras de científicos, la galaxia de la Vía Láctea no parece ser un modelo fiable para representar la enormidad de galaxias que pueblan nuestro “pequeño” universo.

A pesar de que la característica espiralada de nuestro pequeño mundo de estrellas hace que esta se asemeje a la mayoría de todas las otras galaxias conocidas, la Vía Láctea difiere en más de un punto con todas ellas. Según los científicos del Observatorio de Paris, el “peso específico” y tamaño de nuestra galaxia parece alcanzar solo la mitad del peso que una galaxia normal ostenta.

Además, el halo de estrellas que la delimita está conformado por astros calientes compuestos de elementos más livianos que lo común.

La explicación a la exclusividad de nuestra galaxia (la cual solo comparte con un 7% de todas ellas) es que en el transcurso de su historia, la Vía Láctea no sufrió ninguna gran fusión aparente con otras galaxias o cúmulos estelares, sino que se mantuvo relativamente al margen del “trafico” cósmico.

Pero esta tranquilidad cuenta como mucho más que una mera curiosidad en la gran historia del universo, ya que esta falta de colisiones supermasivas ha permitido que la vida tal como la conocemos en nuestro planeta haya podido tener lugar y desarrollarse.

Por Leonardo Vintiñi

redaccion@sohnetwork.com

 

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