Este aún constituye un campo fértil para la investigación orientada a descubrir con mayor profundidad el “misterio” y perfección con que fuimos creados.

¿Alguna vez se ha preguntado cual es exactamente la diferencia biológica entre usted y cualquier otro mamífero del planeta? Para ser precisos, la cantidad de diferencias es bastante grande; desde la capacidad de razonamiento abstracto, uso de conciencia y una posición erguida, la especie humana parece distar enormemente del resto de los seres vivientes. Pero ajustándose estrictamente al campo de la genética, la diferencia principal podría radicar meramente en la forma en que fueron escritas las palabras de una enciclopedia cromosómica en común de la gran mayoría de las formas biológicas conocidas.

Respecto al caso, sin implicar necesariamente que la teoría neodarwinista se encuentre o no en lo correcto, científicos de la Stanford University y UCSC han descubierto recientemente, que el erróneamente conocido como “ADN basura”, probablemente juegue un papel importante a la hora de diferenciar si usted va a nacer como un simpático conejillo de indias, o un ser humano capaz de hacer uso de lenguaje oral y ciencias abstractas.

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El ADN basura, que constituye una escalofriante porción de nuestro código genético, ha resultado en un enigma indescifrable para la ciencia durante muchos años. Siendo la molécula de ADN activa en solo un cinco por ciento durante la producción de proteínas celulares, los genetistas calificaron al restante 95 por ciento como la mera consecuencia de un proceso evolutivo; una carga de información inútil e inactiva, que se pegaba como una enorme cola de cometa a la ridículamente pequeña porción activa de la molécula de ADN. Inclusive la misma porción del código “chatarra”, fue utilizada durante años como un argumento más contra la filosofía creacionista, razonando que un Dios perfecto no debería por que dotar a los humanos de una cantidad tan abrumadora de información carente de utilidad en completo.

El último estudio realizado en el campo de la genética comprobó que aproximadamente unas 10.000 porciones del genoma humano considerado como “basura” no solo pueden jugar un papel activo en la expresión diferencial de nuestros genes, sino que incluso compartimos muchas de estas porciones con otras cinco especies de mamíferos escogidas al azar para el estudio (chimpancés, macacos, perros, ratones y ratas). El primer fenómeno mencionado, la expresión diferencial de los genes, tiene una importancia vital en la vida del organismo, dado que esta suerte de “compresión” cromosómica permite a las células del cuerpo expresarse solamente como sanguíneas, óseas, musculares, o de cualquier tipo específico sin desenrollar el código completo. Esquemáticamente podría asimilarse a un enorme libro repetido en cada célula del cuerpo, pero con solo una parte legible, mientras que el resto de la información (la de cumplir las funciones de una célula nerviosa, por ejemplo) se encuentran en letra extremadamente pequeña o encriptada. El segundo hallazgo del estudio (el verdaderamente novedoso) es que la similitud del ADN basura entre distintas especies de mamíferos podría significar que este ADN podría jugar un papel decisivo en la diferenciación de las especies durante la etapa embriológica. Es decir, el ADN basura podría ordenar los ladrillos moleculares para que arquitectónicamente usted tome la forma externa de una persona civilizada y no de un peludo macaco o un perrito pequinés.

De todas formas, la similitud de pequeñas o grandes porciones de información genética con otros mamíferos (o incluso especies animales menos símiles) no permite concluir con la idea de que necesariamente todas las especies existentes deberían compartir un origen en común. Debido a que la doble hélice de ADN constituye posiblemente el único plano posible para la construcción de todos los organismos terrestres, una conclusión alternativa podría ser que, cuantas más características fisiológicas y anatómicas comparten distintos grupos de especies, obviamente más deberían parecerse las instrucciones dadas para la colocación de los “ladrillos” moleculares.

El ADN basura aún constituye un campo fértil para la investigación orientada a descubrir con mayor profundidad el “misterio” y de una de las moléculas más complejas del universo.

Por Leonardo Vintini

redaccion@sohnetwork.com

 

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