La paciencia es una aptitud esencial para afrontar y encarar los cambios y contratiempos. Ser paciente es permitir que las cosas sigan su propio ritmo, no meternos prisa ni presión.

Es una cualidad que nos ayuda a afrontar las adversidades y a sobrellevar las situaciones que requieren tiempo sin irritarnos ni frustrarnos. Manifestamos paciencia cuando somos minuciosos, nos tomamos el tiempo necesario para llevar a cabo una tarea, y cuando soportamos la espera con calma. Cuando no sabemos ser pacientes, nos malhumoramos y nos molestamos.

Me decía un cliente “Desde niño me daban todo lo que deseaba. Nunca tenía que esperar, sólo lo tenía que pedir. Y ahora de adulto, siento que mi falta de paciencia afecta a mis relaciones” “Necesito entrenarme en ser paciente”.

No nacemos siendo pacientes. Esta es una cualidad que se aprende y se practica desde los primeros años de vida. Yo la intento inculcar en mis hijos, pero para ello debo repetir y repetir y dar ejemplo ante todo. Debo tener paciencia con ellos y con los que me rodean, si no ellos no serán pacientes.

Las personas mantenemos dos fuerzas, una motriz, que nos impulsa a la acción y otra restrictiva, que nos frena y nos hace abstenernos de llevar a cabo una acción. La paciencia nos ayuda a controlar la impulsividad y no a actuar sin pensar.

Hay personas que tienen un umbral muy alto de paciencia y otros, no son absoluto pacientes, son impulsivas y a menudo son incapaces de controlarse a sí mismas.

Las personas impacientes se frustran y se irritan con facilidad. No saben esperar y muchas veces dedican excesiva energía en pensar en lo que aún no tienen o no han conseguido. Suelen tener dificultad para disfrutar de sus logros, ya que en cuanto consiguen un objetivo concreto tienden a centrarse en lo que no han logrado aún. Por lo tanto, quienes no aprendan, no entrenen el ser pacientes y controlar sus sentimientos de frustración tienen muchas probabilidades de sufrir el tormento de la insatisfacción constante y de transmitir negatividad en los demás.

Aunque no confundamos la PACIENCIA con la PASIVIDAD. Ser paciente no significa ser inactivo, enfrentar las cosas con dejadez  o hacer las cosas con lentitud. Se puede ser muy activo y resuelto y a su vez tener una actitud paciente. La paciencia debe de ejercitarse en un contexto sano y estable.

Quienes aprenden, entrenan esta cualidad suelen gozar de sentimientos de confianza y serenidad, afrontan los cambios y los desafíos con entereza y templanza. Ya Aristóteles observó que la paciencia es una virtud que nos ayuda a mantener el equilibrio entre las emociones extremas y abre el camino hacia la felicidad.  

Por Maite Villafruela – Colaboradora Radio SOH

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