En China, después de que durante los últimos años las autoridades hayan reprimido con dureza a colectivos como el de los abogados de derechos humanos, las feministas o a los defensores de los trabajadores, parece ser que personajes animados como Peppa Pig o Winnie de Pooh podrían tener ahora también sus días contados.

Según confirmaron varias fuentes al diario hongkonés ‘South China Morning Post’, los oficiales del Partido Comunista chino (PCCh) se están preparando para reducir drásticamente el número de libros infantiles extranjeros que podrán ser publicados en el país, un intento por reducir la influencia de las ideas foráneas y lograr un mayor control ideológico sobre la población.

Para ello, el diario afirma que la administración estatal ha impuesto un sistema de cuotas que limita la cantidad de cuentos ilustrados occidentales que podrán ser impresos a partir de ahora en la China continental. Además, según un trabajador de una editorial estatal cuya identidad no revelan, las autoridades habrían solicitado a las casas editoras que impulsen la publicación de obras de autores nacionales.”(El Gobierno) ha dicho que ha habido un exceso intolerable de entrada de ideología proveniente de libros de cuentos extranjeros”, señaló este editor anónimo al SCMP “Por eso, se ha decidido deliberadamente restringir los libros importados y proteger las obras escritas por autores chinos”, añadió.

Mientras que una segunda fuente, empleado de una editorial privada, dijo que su empresa no podrá sacar este año ningún libro ilustrado extranjero para niños, otra más apunta a que los cuentos procedentes de Corea del Sur y Japón tienen “pocas posibilidades” de ser publicados en China, y que el suministro de libros de otros países será “muy limitado”.

Sin embargo, pese al control que las autoridades ejercen sobre la sociedad y las empresas, ya hay quien ha expresado en público sus dudas acerca de si Pekín podrá tener éxito en la implementación de esta medida. “No me puedo imaginar que esta restricción sea posible, ya que su puesta en práctica es muy difícil y no aporta ningún beneficio ni a la gente ni al país”, declaró al respecto otro editor consultado por el diario ‘Financial Times’.

Con cerca de 220 millones de jóvenes menores de 14 años y una creciente clase media, China se ha convertido con los años en un mercado muy atractivo para el sector de los libros de cuentos para niños. Sus páginas gozan de una gran popularidad entre los pequeños y, tan sólo en 2016, en el gigante asiático se publicaron más de 40.000 títulos diferentes, superando al segmento de los libros de ciencias sociales y convirtiéndose en el más lucrativo de todos según un informe de la consultora OpenBook.

Además, se espera que el negocio siga creciendo a corto plazo dado el fin de la política del hijo único y la alta disposición de los padres chinos a invertir dinero en la educación de sus vástagos.

En busca del sueño chino

Durante años, China ha luchado por evitar la intrusión de las influencias culturales extranjeras en su territorio, unos esfuerzos que se han intensificado desde que el actual presidente, Xi Jinping, se convirtió en el hombre fuerte del país en 2012 promoviendo lo que dio en llamar “el sueño chino”.

En su particular cruzada, Xi declaró hace unos meses que las universidades del país deben convertirse en bastiones del Partido Comunista, para lo que instó a reducir al mínimo el uso de manuales extranjeros, mientras que el ministro de Educación, Yuan Guiren, advirtió de que “las fuerzas enemigas” están intentando infiltrarse en las mentes y los corazones de los campus de la nación.

La noticia de la restricción a los libros infantiles se ha dado a conocer después de que este viernes, el gigante del comercio electrónico Alibaba anunciara que va a prohibir la venta de cualquier publicación extranjera en Taobao, uno de los portales de compras ‘online’ más populares de China, con el fin de “crear un entorno de compras por internet más seguro que aumente la confianza y satisfacción del consumidor”.

Para muchas tiendas ‘online’ como Fangzhou Culture, que desde el mayo pasado vendía en Taobao libros religiosos para niños, esta medida no les dejará otra salida que la de cerrar su negocio. Otros criticaban en las redes sociales este anuncio, que consideran toda una afrenta para las libertades personales de los chinos.

Fuente: El Mundo

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