(Universidad de Colonia, Alemania)

Están muy bien escondidos pero fueron revelados en un estudio de la Universidad de Colonia, usando las imágenes del telescopio de Hubble de la NASA y el análisis del campo magnético y las auroras.

Un equipo de la Universidad de Colonia que utilizó el Telescopio Espacial Hubble de la NASA confirmó este mes que Ganímedes, la luna más grande de Júpiter y de todo el Sistema Solar, tiene un océano subterráneo con más cantidad de agua salada que toda la que se encuentra en la superficie de la Tierra.

En la búsqueda de la vida tal como la conocemos, la presencia de agua es crucial, señaló la NASA el 12 de marzo. Por esta razón, científicos de la Universidad de Colonia destacaron que hace mucho tiempo están estudiando qué es lo que hay bajo la superficie de hielo de esta luna. Para ello usaron el telescopio Hubble, que les permitió relacionar las imágenes de las aruroras de Ganímedes, con su campo magnético y la presencia de océanos.

“Un profundo océano bajo la corteza helada de Ganímedes abre posibilidades más interesantes para la vida fuera de la Tierra”, afirmó John Grunsfeld, administrador asociado del Directorio de Misiones Científicas de la NASA en la sede de la NASA en Washington.

Ganímedes tiene varias características significativas y ùnicas. No solo es la más grande, sino que es la única luna en tener su propio campo magnético, por lo que las luminosas auroras son visibles en torno a sus polos norte y sur.

En la tierra son visibles la aurora boreal y austral ante la llegada de viento solar, que trae consigo el plasma iónizado. Al chocar con el campo magnético se desplaza a los polos cambiando la polaridad de las partículas, lo que genera las luces de colores.

“Debido a que las luces del norte (auroras) son controladas por el campo magnético, se puede deducir algunas propiedades de este campo mediante la observación de la posición de la aurora. Conociendo el campo magnético se puede también averiguar mucho sobre el interior de la luna”, dijo Joachim Saur, del In­sti­tu­to de Geofísica y Me­teo­ro­logía de la Universidad de Colonia.

Además Ganímedes tiene una órbita en que resulta afectada por el campo magnético de Júpiter.

“Debido a que Ganímedes está cerca de Júpiter, también se incorpora en el campo magnético del gigantesco planeta gaseoso. Cuando hay cambios en el campo magnético de Júpiter, las auroras en Ganímedes también cambian, con un rodeo de ida y vuelta”, explicó el geofísico.

Los investigadores creen que sólo el agua salada sería capaz de influenciar a este movimiento, y al observar a lo largo de las horas, el movimiento de balanceo de las dos auroras, “fueron capaces de determinar que existe una gran cantidad de agua salada bajo la corteza de Ganímedes que afecta a su campo magnético”.

La Universidad de Colonia explica que el lugar exacto donde se encuentra el óvalo auroral en los polos de esta luna, “es determinado por la superposición de los campos magnéticos de Ganímedes y de Júpiter”.

El campo magnético de Júpiter influencia a Ganímedes con cambios periódicos de los óvalos aurorales. “El período de esta oscilación es de aproximadamente 10 horas”.

Las corrientes de los océanos atenúan el campo magnético de excitación generado por Júpiter. “Este debilitamiento del campo magnético provoca unas oscilaciones debilitando a los óvalos aurorales. Cuanto más agua salada y mayor contenido de sal, mayor es la atenuación de balanceo los óvalos aurorales”.

El efecto de la atenuación por el océano de Ganímedes “es muy fuerte”, explicó Stefan Duling del Instituto de Geofísica y Meteorología, quien implementó los modelos informáticos del estudio.

Los científicos estimaron que el océano tiene alrededor de 100 kilómetros de espesor, lo que equivale a ser 10 veces más profundo que los océanos de la Tierra, y está encerrado debajo de una de corteza principalmente de hielo de unos 150 kilómetros de espesor.

Anteriores mediciones del campo magnético de la nave espacial Galileo de la NASA no evidenciaron un océano bajo el hielo de Ganímedes, explicó la NASA.

Al respecto el Dr. Saur explicó que estas mediciones del campo magnético fueron durante algunos sobrevuelos de la luna, siempre sólo por un breve tiempo (de unos 20 minutos), lo que era “demasiado corto para que sea capaz de determinar las oscilaciones del campo magnético”, informó la Universidad de Colonia.

En cambio con el Telescopio Espacial Hubble, Saur y su equipo pudieron rastrear el comportamiento del óvalo auroral y por lo tanto el campo magnético en un período de 7 horas, lo que confirma el océano”, concluyó el equipo de aniversidad alemana.

“Este descubrimiento marca un hito significativo, destacando lo que sólo Hubble puede lograr”, afirmó John Grunsfeld de la NASA.

Por Anastasia Gubin – La Gran Época

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Redacción Radio SOH

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