Nacido para hackear, una película de Corea del Norte

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Ocho de cada diez norcoreanos no se alimentan bien y sobreviven apenas en el umbral de la pobreza. Casi ninguno conoce Internet. La existencia cotidiana en el reino de los Kim, para la mayoría, continúa varada en un pasado sombrío, en un mundo paralelo. Pyongyang dispone, no obstante, de un aguerrido ejército de hackers cuyos ataques inquietan a la vecina Corea del Sur y a Estados Unidos.

¿Cómo un país que mantiene a millones de personas en la miseria ha podido alcanzar esa destreza tecnológica? Una de las respuestas emerge del presupuesto militar, alrededor de 6.000 millones de dólares, más de un tercio de los gastos estatales. Ese dinero sirve para sostener un ejército de nueve millones de hombres y mujeres, entre fuerzas regulares, reservas y unidades paramilitares.

Pero el secreto del cibercomando norcoreano trasciende el conocido militarismo de los Kim. El desarrollo de armas informáticas ha sido el resultado de un cálculo muy pragmático. El hermético régimen tiene mucho que ganar y no expone casi nada en una guerra cibernética. Esa aparente impunidad alimenta la osadía de los cibercombatientes.

Un ejército de privilegiados

La información sobre la estrategia de guerra cibernética de Pyongyang proviene de desertores que se han establecido en Corea del Sur. Los medios citan en especial a un ex profesor de ciencias de la computación, Kim Heung-kwang, y a un antiguo hacker, Jang Se-yul.

Los alumnos de escuela primaria con mejores resultados en las ciencias y las matemáticas continúan su instrucción en dos escuelas secundarias de la capital, Keumseong 1 y 2. Al concluir esa etapa, se matriculan en los institutos tecnológicos y universidades de mayor prestigio en el país. Finalmente terminan su preparación en China o Rusia, donde reciben un intenso entrenamiento técnico, enfocado en la infiltración de sistemas informáticos.

Los reclutas integran entonces los comandos de cibersoldados, coordinados por la llamada Unidad 121, que depende de la agencia de inteligencia norcoreana. La entrada a ese grupo de elite abre la puerta a una vida de privilegios: altos salarios, residencia en Pyongyang, incluso para los familiares, cuotas especiales de comida y generosos estipendios durante las misiones en el exterior. La carrera soñada para cualquier joven norcoreano. Se estima que este ejército cibernético cuenta con 3.000 hackers en sus filas.

Ataques baratos, pero muy costosos

El gobierno de Corea del Norte lanzó su primera ofensiva a gran escala en julio de 2009. Decenas de sitios del gobierno de Corea del Sur y agencias federales de Estados Unidos fueron víctimas de un ataque de denegación de servicio. Dos años después los sistemas computarizados de los bancos surcoreanos colapsaron, una “hazaña” que el comando conocido como “Dark Seoul” repitió en 2013.

La más reciente escaramuza de los norcoreanos podría ser la filtración de 200 gigabytes de información robada a los empleados de Sony Pictures Entertainment. El Buró de Federal de Investigaciones (FBI) ha  acusado directamente al régimen de Kim Jong-un de estar tras el ataque, mientras el presidente Barack Obama ha prometido una respuesta proporcional contra Pyongyang. ¿Cómo se concretaría la reacción de la Casa Blanca? Ninguna opción parece fácil. Además, las autoridades de Corea del Norte han rechazado cualquier vinculación con los hechos.

Todos esos casos responden a una estrategia rentable para la nación comunista. Las armas informáticas resultan infinitamente menos costosas que el arsenal militar convencional. A pesar de la bravuconería habitual de la dinastía Kim, las posibilidades de vencer en una guerra contra Corea del Sur y Estados Unidos son remotas.

Por otra parte, cada irrupción en las redes surcoreanas o estadounidenses demuestra la capacidad de provocar daños reales a la infraestructura de los enemigos. Sin embargo, en ningún caso los objetivos atacados hasta el momento bastarían para desatar un conflicto en el mundo real. Y si este ocurriera en el terreno cibernético los norcoreanos tendrían muy poco que perder, dada la casi inexistente conectividad del país con Internet.

Los éxitos de los ciberguerreros norcoreanos alimentan la propaganda oficial. La impunidad momentánea de sus comandos también podría inspirar a otros grupos hostiles a Estados Unidos y sus aliados. La era del ciberterrorismo apenas comienza.

Por Boris Leonardo Caro

redaccion@sohnetwork.com

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