“Ningún país es inmune”: informe revela herramientas de Beijing para exportar la narrativa autoritaria

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Un cliente lee un ejemplar de un periódico chino de la edición de África frente a un quiosco de prensa en la capital de Kenia el 14 de diciembre de 2012. (Tony Karumba/AFP vía Getty Images)

Los países deben estar atentos a las graves amenazas que plantea la creciente influencia de los medios de comunicación chinos en el mundo, según un nuevo informe publicado por la Fundación Nacional para la Democracia, con sede en EE.UU.

El informe, titulado “La huella mediática global de China: Respuestas democráticas a la expansión de la influencia autoritaria”, detalla cómo el régimen chino ha estado “aprovechando la propaganda, la desinformación, la censura y la influencia sobre los nodos clave del flujo de información”, a medida que expande sus esfuerzos para “moldear el contenido de los medios de comunicación” a nivel mundial para retratar a Beijing de manera positiva.

Entre las prácticas establecidas de maniobras diplomáticas y actividades coercitivas hay una zona gris que el informe describe como “poder agudo” —explotando la apertura de las sociedades occidentales para manipular el contenido de los medios de comunicación extranjeros— que Beijing ha capitalizado para sus beneficios.

“Su poder agudo a menudo socava las normas democráticas, erosiona la soberanía nacional, debilita la sostenibilidad financiera de los medios de comunicación independientes y viola las leyes locales”, declaró Sarah Cook, autora del informe y directora de investigación para China, Hong Kong y Taiwán del grupo de derechos humanos Freedom House.

“Ningún país es inmune: los objetivos incluyen a los estados pobres e institucionalmente frágiles, así como a las potencias democráticas ricas”, dijo.

China comenzó a hablar de la importancia de “contar la historia de China” alrededor de 2013. En septiembre de 2013, el líder chino Xi Jinping, en una conferencia nacional de propaganda y trabajo ideológico, dijo que era importante que China hiciera un buen trabajo de propaganda en el extranjero difundiendo “las voces de China”.

Ahora, en medio de la pandemia en curso, Beijing afirma que es importante contar “la historia de China” sobre su éxito en la lucha contra la propagación del virus del PCCh (Partido Comunista Chino), comúnmente conocido como nuevo coronavirus.

Un artículo publicado en el sitio web oficial del PCCh en julio del año pasado afirmaba que el núcleo de la “historia de China” es “la historia del Partido Comunista Chino”. Por lo tanto, esas historias deben “demostrar por qué la historia ha elegido al Partido Comunista Chino”, cómo el régimen ha servido a los intereses del pueblo y ha gobernado el país con sabiduría, decía.

La táctica de Beijing para reescribir la narrativa global sobre China se ha ampliado considerablemente en la última década, “hasta el punto de que cientos de millones de consumidores de noticias en todo el mundo están viendo, leyendo o escuchando rutinariamente información creada o influenciada por el PCCh, a menudo sin conocimiento de su origen”, según el informe.

Explotación de las vulnerabilidades occidentales

Los puntos débiles existentes en los países occidentales han contribuido a los esfuerzos de Beijing por aumentar su influencia en los medios de comunicación mundiales, señala el informe.

A los medios de comunicación locales les resulta difícil resistirse a las ofertas de sociedad o a los acuerdos publicitarios de las empresas chinas vinculadas al Estado debido a la escasez de fondos; los funcionarios locales, los grupos de reflexión y la sociedad civil tienden a carecer de una comprensión sofisticada sobre el PCCh; los diplomáticos chinos han desplegado campañas de larga duración para controlar los medios de comunicación en lengua china en el extranjero y censurar la cobertura de los medios desfavorables, según el informe. El creciente uso de aplicaciones de propiedad china como WeChat entre la diáspora china, la creciente polarización política y el sentimiento antioccidental en algunos países también han jugado a favor de Beijing.

“Cientos de incidentes ocurridos en todo el mundo durante la última década demuestran que una vez que el PCCh —o una empresa, medio de comunicación o propietario con estrechos vínculos con el partido— se afianza en un canal de difusión de información, los esfuerzos de manipulación son inevitables”, afirma el informe.

En medio del empeoramiento del brote de COVID-19, por ejemplo, el PCCh ha lanzado acusaciones de racismo para desviar la culpa, arremetiendo contra los funcionarios estadounidenses por utilizar el término “virus de Wuhan”, a pesar de que el mismo término había aparecido previamente en artículos de los medios de comunicación estatales chinos.

El informe también citaba miles de viajes patrocinados por Beijing para periodistas extranjeros como clave para influir en la cobertura de los medios de comunicación occidentales. Los periodistas suelen estar estrictamente vigilados durante los viajes, y solo se les deja ver la perspectiva que el PCCh desea que vean.

Mientras tanto, la adquisición de medios de comunicación locales por parte de China ha conseguido cambiar la línea editorial en las historias sobre Taiwán, Sudáfrica y la República Checa.

Una encuesta de la Federación Internacional de Periodistas, con sede en Bruselas, publicada en junio de 2020, reveló que dos tercios de sus miembros creen que China estaba creando una “presencia visible” en sus medios de comunicación nacionales. Sindicatos de periodistas de al menos ocho países afirmaron haber firmado acuerdos con entidades chinas, lo que suele incluir acuerdos para compartir contenidos, programas de intercambio de periodistas o la participación en un evento del gobierno chino.

Y las redes sociales mundiales como Facebook y Twitter, que siguen estando prohibidas en China, eliminaron gran cantidad de cuentas —que rastrearon hasta China— que realizaban campañas coordinadas para promover puntos de vista favorables a Beijing y sembrar la discordia.

Con el régimen chino adoptando un “enfoque de toda la sociedad hacia el control autoritario”, es necesaria una respuesta contundente por parte de Occidente, dijo Cook en el informe. Algunas de sus recomendaciones incluyen un mayor escrutinio de la cobertura mediática previa a las elecciones y de los medios de comunicación en lengua china; la revisión de la censura y las auditorías de seguridad de las aplicaciones de propiedad china; la investigación para identificar la propiedad de los medios de comunicación y los vínculos financieros con el PCCh; y esfuerzos más rigurosos de los organismos de control de la libertad de prensa para advertir al público y a los legisladores sobre la influencia del PCCh.

Redacción: EVA FU Y FRANK FANG

Fuente: The Epoch Times en español

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