Refugiada china estuvo cerca de que sus órganos fueran sustraídos

Sra Tiang
La señora Tian ha vivido en Filadelfia, durante los últimos dos años, donde contó esta historia

La señora Tian, una asilada política china con 71 años de edad, una vez pasó una semana atada a una cama de hospital, en silencio preguntándose todos los días si ese día sería el que los médicos llegarían para llevársela, sedarla y removerle el corazón y los órganos vitales para venderlos..

Ella ahora vive en Filadelfia y relató la historia a una periodista de La Gran Época en una reciente serie de entrevistas.

Sra. Tian es una practicante de Falun Gong, una práctica espiritual tradicional china que ha sido perseguida en su país de origen por el régimen comunista durante los últimos 15 años. Tian dice que la práctica le ayudó a recuperarse de los efectos secundarios debilitantes de una conmoción cerebral que sufrió años atrás.

“Falun Gong nos enseña a comportarnos de acuerdo con los principios de verdad, benevolencia y tolerancia, mientras vivimos nuestras vidas, ser buenas personas donde quiera que vayamos. Mi espíritu se elevó enormemente, una práctica muy buena. Quería compartirlo con el mundo”, dijo Tian.

Violencia súbita

En 1999 la disciplina pasó a una persecución repentina y severa. En parte, el líder del régimen en el momento, Jiang Zemin, pensó que había atraído a mucha gente (entre 70 y 100 millones de chinos practicaban Falun Gong a finales de 1990) y lanzó una violenta campaña de erradicación.

Tian viajó a las oficinas del gobierno en Beijing para defender la práctica y tratar de convencer a las autoridades de que su campaña era un gran error. En 2006, fue arrestada mientras distribuía folletos sobre la práctica y la persecución en China. Fue enviada a un campo de trabajo forzado, allí es cuando su pesadilla, y el roce con la muerte comenzó.

Secuestro

“Un día 10 guardias vinieron por mí en el campo de trabajo, pusieron una capucha negra sobre mis ojos y me empujaron en un coche de policía. Yo no sabía a dónde me iban a llevar … fuimos a algún lugar, y me subieron, y cuando me quitaron la capucha me encontré que estaba en una habitación de hospital. Me pusieron en una cama y me esposaron a la cama por las manos y los pies”.

Una mujer policía más tarde entró y me soltó las esposas. Entonces un médico entró, probó el estado de salud, y le dijo a la policía antes de salir que “todo es normal”, dijo Tian. Me esposaron de nuevo. Cuando otra enfermera entró para poner un goteo intravenoso, Tian comenzó a explicar su situación: “Soy una practicante de Falun Gong. Estoy bastante saludable y no necesito ninguna infusión intravenosa. “La enfermera fue comprensiva y no me puso la intravenosa.

Inyecciones

Pero más tarde, otra enfermera entró y a la fuerza le inyectó una sustancia desconocida. “Después de que me inyectó con eso me sentí muy mal”, dijo.

La policía mantuvo vigilancia sobre ella las 24 horas del día, por turnos. Cada mañana, una mujer china, al parecer una doctora, vestida con una bata blanca y un sombrero blanco, entraba y comprobaba su presión sanguínea, la función cardiaca y la salud. Esta fue la única vez que la señora Tian sería capaz de mover libremente los brazos y las piernas. Esta doctora dijo de nuevo “todo es normal”, al salir. Fue de nuevo inyectada con una sustancia no identificada, poniéndola en un estado “mareado” prolongado.

Tian una vez le preguntó a un guardia de la policía: “¿Qué es este lugar, ¿por qué se me mantiene aquí?” La rígida cara del guardia no reveló nada.

¿’Sala para enfermos cardíacos’?

Un día escuchó una conversación entre una mujer policía y lo que parecía como una voz masculina en el teléfono. A la oficial se le preguntó dónde estaba, y ella respondió “Estoy en la sala de enfermos cardiacos”. Tian recordó haber estado confundida y sorprendida, pensando para sus adentros: ¿”Así que esta es la sala para enfermos del corazón? ¿Qué diablos estoy haciendo aquí?”

Las únicas personas que veía todos los días eran la policía y personal de enfermería que venían a ponerme la intravenosa, ninguno de los que la rodeaban le daba explicaciones de dónde estaba o por qué.

Su experiencia más extraña fue probablemente cuando se despertó y  encontró a un hombre en su habitación, caminando de un lado a otro frente a su cama, al parecer evaluándola. “¿Quién es usted?”, Preguntó. Él se sorprendió, y dijo: “Yo … yo soy enfermero. Estoy aquí en busca de mi familia”.

Ella empezó diciéndole que  era una practicante de Falun Gong que había sido detenida, enviada a campos de trabajo forzado, y ahora de alguna manera terminó en un cuarto de hospital. Un guardia de la policía irrumpió y en voz alta le dijo que se callara y al hombre que se fuera.

Los dos fueron al balcón y ella escuchó a la mujer policía diciendo: “Su cuerpo es especialmente bueno, es sólo que su cerebro ha sido golpeado”. Tian recuerda que pensó para sí misma: “Están obviamente hablando de mí; ¿por qué esta ese extraño hombre tan interesado en mí?”

Tian recuerda que cuando el hombre salió, él la miró con la más extraña de las expresiones, “como si estuviera mirando a un objeto, no a una persona”.

El propósito era sustraerle los órganos

Ella dijo que era en torno a este momento que la dificultad en que estaba se unía en  su mente: “En el momento que las constantes inyecciones intravenosas me hacían sufrir mucho, pensé que era muy extraño. Si un médico venía todos los días para informar de que todo era normal ¿por qué estaba siendo retenida en este sitio que parecía un hospital? Y ¿por qué  me inyectaban?”

Ella continuó: “Me preguntaba cómo una cosa tan extraña podría suceder. También recordé antes cuando fui enviada a trabajos forzados, sobre las historias que acababan de salir sobre los practicantes de Falun Gong en el hospital de Sujiatun en el noreste de China que eran asesinados por sus órganos.

“Y también me acordé de cómo conocí a una practicante de Falun Gong joven y sana, llamada Li Mei, de 28 años, quien murió misteriosamente después de ser arrestada. Cuando su familia vio su cuerpo tenía incisiones que comenzaban debajo de la barbilla. Y entonces, nadie supo por qué, su cuerpo fue incinerado a la fuerza. Cuando pensé en todo esto empecé a temblar. ¿Me he vuelto parte del “inventario” de su mercado de órganos? ¿Estoy siendo mantenida como un animal para que le extraigan sus órganos?”

Conmoción

Ella apenas pudo dormir esa noche. En la mañana, cuando llegó el médico para el habitual chequeo, después que le quitaran las esposas, Tian utilizó la oportunidad.

“Empecé a resistir enseguida, haciendo todo lo posible para evitar que se me esposara de nuevo. También empecé a gritar: ‘¿Quieren matarme! Ustedes quieren sustraer los órganos de una practicante de Falun Gong viva!’

“Yo no sé de dónde vino la fuerza, pero levanté la cama y la coloqué entre mí la policía, haciendo mucho ruido. Los pacientes en el resto del hospital se sorprendieron y comenzaron a venir a la habitación para ver de qué se trataba la conmoción. En poco tiempo la sala estaba llena, y la policía fue a buscar refuerzos”.

Tian luego comenzó explicando que es Falun Gong y la persecución que se llevaba en su  contra a los otros pacientes, así como el hecho de que había sido secuestrada y retenida para sustraerle sus órganos.

Durante el alboroto, uno de los otros médicos del hospital se le acercó y le dijo en voz baja que ella no debería ir con nadie esa noche, pero que él estaba de turno y le ayudaría. “Una enfermera va a venir y darle alguna medicina. Debes dejar que te haga la inyección”.

Una enfermera salvadora

Pronto, cuatro policías regresaron, expulsan a los otros pacientes, y de nuevo la sometieron en la cama.

Esa noche, una enfermera de hecho vino a darme una inyección. “Yo inmediatamente pensé que esto era diferente de las inyecciones anteriores. Inmediatamente me sentí mejor, y el dolor se fue”.

Esta enfermera de alguna manera hizo parecer que su salud se había deteriorado repentinamente, logrando que la señora Tian saliera del hospital.

Al día siguiente, llegó otra enfermera, comenzó a hacer el chequeo, y frunció el ceño: “Ayer estabas bien. ¿Por qué de repente estas así? “Otra enfermera tuvo la misma reacción. Fue enviada inmediatamente de vuelta al campo de trabajo.

Intento de asesinato y huida hacia Estados Unidos

Sus penosas pruebas no habían terminado. Los guardias dijeron “tus órganos están malos, no te queremos!”, Y le inyectaron, lo que ella dijo fue un veneno. La intención de ellos era enviarla a casa y que muriera allá, dijo.

Su marido la recogió, y pasó semanas en la cama con la sensación de que sus huesos se habían convertido en hielo. “No puedo morir”, se decía a ella misma.

Ella practicó los ejercicios de Falun Gong, obligándose a realizar los movimientos de pie y la meditación sentada. Su sudor era amarillo, dijo. En alrededor de un mes, se recuperó, después logró escapar a Estados Unidos.

La señora Tian ha vivido en Filadelfia, durante los últimos dos años, donde contó esta historia.

Por Yang Jie – La Gran Época

redacción@radiosohnetwork.com

Nos interesa tu opinión, deja tus comentarios

comentarios