Según Greenpeace niños entre seis y ocho años fueron alimentados con arroz modificado para analizar cómo el organismo infantil absorbe y transforma el betacaroteno.

La denuncia implica a la Universidad de Tufts en Boston (EE.UU.), la Academia de Ciencias Médicas de Zhejiang (este de China) y el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Debido a la escasez nacional de terrenos de cultivo, China confía en que el desarrollo de los alimentos transgénicos ayude en el futuro a alimentar su gran población.

Greenpeace defiende que el consumo de transgénicos es especialmente sensible en el caso de menores de edad, puesto que los efectos en su salud pueden ser más graves y duraderos que en los adultos.

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