La tecnología tóxica de China

Según estadísticas del régimen chino, cada cinco horas un operario es envenenado con químicos tóxicos, mayormente el benceno.

Ming Kunpeng empezó a trabajar para ASM Pacific Technology –proveedor de chips para Apple– a los 19 años de edad. Allí le requerían manipular diariamente el benceno –sabido cancerígeno– sin una capacitación adecuada ni equipo de protección. El joven se enfermó a los 22. Los médicos le diagnosticaron leucemia laboral.

Después de una disputa de un año, ASM Pacific Technology accedió a compensar a Ming por su enfermedad, pero el acuerdo no fue suficiente para cubrir todo el tratamiento que necesitaba. El 28 de diciembre de 2013, el joven se convirtió en uno de los publicitados casos de obreros de fábricas de electrónicos que se suicidaron en China.

Se quitó la vida saltando desde la terraza del hospital donde estaba recibiendo tratamiento.

La historia de Ming es solo una de las tantas que retratan las cineastas Heather White y Lynn Zhang en su nuevo documental, “¿Quién paga el precio? El costo humano de los productos electrónicos”.

En el film, White y Zhang exploran el uso de peligrosos químicos tóxicos en las fábricas chinas. Se enfocan en el efecto de estos químicos en los millones de trabajadores que son expuestos a ellos mientras fabrican los iPhones, iPads y otros dispositivos electrónicos de los que los consumidores mundiales han llegado a depender tanto.

Teniendo en cuenta que el 75% de la población mundial tiene ahora acceso a un teléfono celular, el alcance de este problema es enorme. Alrededor de la mitad de estos aparatos se fabrican en China, donde el cancerígeno benceno (prohibido en muchos países como solvente industrial) está permitido y donde los empleadores no suelen proveer a los operarios con el equipo de protección adecuado. Las fábricas de electrónicos también utilizan toxinas reproductivas como el tolueno y neurotoxinas como n-hexano.

“Ya he pasado por 28 tratamientos de quimioterapia”, cuenta Yi Yeting, obrero de una fábrica china envenenado con benceno que comparte su historia en el documental. “Me duelen mucho los huesos. Se siente como si fueran miles de hormigas mordiéndome por dentro”.

A medida que crece la demanda de dispositivos electrónicos baratos, es claro que los obreros son quienes pagan el precio. Según estadísticas del régimen chino, cada cinco horas un trabajador es envenenado con químicos tóxicos –la mayoría de ellos, con benceno.

Afortunadamente, hay alternativas.

La Secretaría Internacional de Química, una organización sin fines de lucro con sede en Suecia, ofrece a las empresas sustitutos de los químicos tóxicos en su lista “Sustitúyelo ahora”. La lista detalla 626 químicos dañinos para la salud humana y provee alternativas, como el ciclohexano y el heptano, solventes similares al benceno pero más seguros.

Toxicólogos expertos familiarizados con los procedimientos de las fábricas chinas estimaron que las empresas de smartphones podrían reemplazar el benceno con solventes más seguros a un costo de alrededor de U$S 1 por teléfono. Si las empresas como Apple publicaron ganancias por U$S 37.000 millones en 2013, los fabricantes de electrónicos pueden tomar esas medidas para proteger las vidas de los trabajadores.

“Queremos que las marcas se hagan responsables por las condiciones de trabajo en las fábricas de sus proveedores”, dice Pauline Overeem, coordinadora de redes para Good Electronics, una organización sin fines de lucro internacional que trabaja para mejorar la cadena de suministro de los electrónicos. “Prohibir el benceno es parte de ello”.

A mediados de 2013, Apple anunció su nueva campaña de publicidad llamada “Nuestra firma”.

Con imágenes de consumidores felices disfrutando de sus productos Apple escuchando música, tomando fotos, estudiando en la escuela y comunicándose con amigos, una reconfortante voz anuncia, “Esto es lo que importa: la experiencia de un producto. ¿Cómo hará sentir a alguien? ¿Hará que su vida sea mejor?”

Apple debería preguntar a los trabajadores como Yi Yeting cómo les hace sentir trabajar con benceno, y la empresa debería haberle preguntado a Ming Kunpeng si los productos de Apple hicieron que su vida fuera mejor.

Las empresas de productos electrónicos deben hacerse responsables de sus fábricas de proveedores, sin importar en qué parte del mundo decidan fabricar sus productos. Deben dejar de utilizar benceno y otros químicos peligrosos para la salud humana, a partir de hoy.

Andrew Korfhage es editor online de Green America. Publicado originalmente en OtherWords.

Por Andrew Korfhage

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