La idea iba y venía: “China es nuestro enemigo”.

Se colaba en los discursos del entonces candidato presidencial de Estados Unidos, hoy presidente electo, Donald Trump.

Y se abrió espacio en la cuenta de Twitter del magnate, incluso años antes de que anunciara formalmente su candidatura a la Casa Blanca.

“China es nuestro enemigo, ellos nos quieren destruir“, escribió Trump, en la red social, en 2011.

“En el ámbito comercial, los chinos son unos tramposos”, llegó a decir.

La relación entre Washington y Pekín no ha sido fácil. Son dos potencias económicas que han liderado el comercio mundial en los últimos años.

Sin embargo, no todo el mundo comparte la perspectiva del magnate frente a China.

Para Mike Rosenberg, profesor de Gestión Estratégica de la escuela de negocios IESE de la Universidad de Navarra, en España, en las últimas décadas ha quedado claro que China y Estados Unidos son rivales, pero no enemigos como quiere hacer ver Trump.

“Desde el punto de vista geopolítico, en los últimos 50 o 60 años, Estados Unidos se ha involucrado muy activamente en las economía de Japón, Filipinas y de otros países del sudeste asiático, lo cual desde la óptica china es su ‘barrio’ (su región de influencia)”, explicó el académico en conversación con BBC Mundo.

Por lo que a veces es China el que, desde su perspectiva, se siente intimidado por Estados Unidos.

Y las posiciones del presidente electo frente a Taiwán también han generado gran inquietud en Pekín.

Este lunes el periódico estatal chino China Daily criticó los comentarios hechos por Trump sobre la política de una “China unificada”.

En un editorial, el periódico indicó que Pekín no tendría otra opción que quitarse los guantes a menos de que el presidente electo cambie su postura y dijo que el líder estaba “jugando con fuego“.

Poco antes, Trump había dicho que el estatus de Taiwán podía ser objeto de negociación, lo cual sería una ruptura con una política de larga data, ya que Estados Unidos tiene vínculos formales con China en lugar de con Taiwán, que Pekín considera una provincia separatista.

El sábado, un portavoz de la cancillería china, Lu Kang, dijo que la política de una “China unificada” “no era negociable“.

China, por su parte, también ha jugado un papel clave en los procesos de manufactura de cientos de empresas estadounidenses, que decidieron trasladar muchas de sus fábricas al gigante asiático.

Allí han encontrado mano de obra más barata y, como dice Rosenberg, “ilimitada“.

Y esa ha sido precisamente una de las denuncias de Trump:

1. China le ha quitado puestos de trabajo a los estadounidenses

A inicios de 2016, investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) publicaron un estudio en el que analizaron la relación comercial entre Estados Unidos y China, la cual se estableció en la década de los años 90 y se consolidó con un acuerdo en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001.

Los autores de “El shock de China: Aprendiendo del ajuste del mercado de la mano de obra a los grandes cambios en el comercio” (“The China Shock: Learning from Labor Market Adjustment to Large Changes in Trade“) concluyeron que esa relación “afectó dramáticamente un gran número de industrias que empleaban mucha mano de obra en Estados Unidos”.

“En esos sectores, los puestos de trabajo se movieron en masa a China“, indicó el MIT.

“Cuando los empleos desaparecen, los trabajadores mejor preparados pueden recuperarse, pero muchos obreros no lo consiguen. Y comunidades enteras han sido castigadas económicamente“, señaló.

Pese a que uno de los autores de la investigación -el economista David Autor- reconoce que el comercio también crea empleo, estas cifras dan una dimensión del problema.

“De 1999 a 2011, el crecimiento de las importaciones de China le costaron a Estados Unidos alrededor de 2.4 millones de puestos de trabajo“, dice el centro de estudios estadounidense.

“Ciertamente el comercio contribuye a reducir los precios de ciertos productos y servicios, y en promedio eso reduce el costo de vida“, aseguró Autor.

“Pero para los trabajadores que han sido desplazados, el hecho de que las cosas sean 10% más baratas en Walmart no es suficiente para compensar el hecho de que estén desempleados”, indicó el economista.

En ese contexto, Trump prometió en su campaña electoral que castigaría a las compañías estadounidenses que transfieran sus puestos de trabajo a Asia.

“Miren lo que China le está haciendo a nuestro país (…) Están usando nuestro país como alcancía para reconstruir China (…) Tenemos que impedir que nos roben nuestros trabajos“, dijo en septiembre, en uno de los debates presidenciales.

De hecho, el líder republicano habló de imponer aranceles de hasta 45% a los productos chinos con la esperanza de que los procesos de producción regresen a su país.

“Economistas han dicho que ese objetivo no es plausible, pues muchos procesos de manufactura se están volviendo cada vez más automatizados”, explicaba la columnista de la revista Forbes Sara Hsu en un artículo titulado “La fea verdad sobre las políticas hacia China de Donald Trump” (“The ugly truth about Donald Trump’s China Policies“).

“Eso es lo que Walmart ha experimentado en su intento por traer de vuelta empleos. La compañía se vio incapaz de fabricar productos al mismo bajo precio cuando usó mano de obra estadounidense y se vio forzada a mecanizar la producción”, indicó Hsu.

De acuerdo con la columnista, “el aumento de tarifas a ese nivel resultará en un aumento de los precios de los productos de consumo y el impacto en la generación de empleo será pequeño”.

Para Mike Rosenberg está claro que China aprovechó las oportunidades que ofreció la globalización.

“Yo creo que el principal culpable de buscar mano de obra más económica en China son las empresas estadounidenses”, señala el economista.

“Uno de los conceptos que circuló en la campaña electoral fue: ‘China te quita tu trabajo, por eso vota por Trump'”, recuerda el profesor.

Pero lo que el electorado que creyó en esa consigna no sabe es que “las fábricas que no volverán a Detroit o a Ohio, van a estar en China y si no van a estar en China, van a estar en México o en otro lugar porque el costo de la mano de obra de Estados Unidos hace imposible fabricar muchos productos allí”, señala el profesor de IESE.

2. China ha estado “violando” a EE.UU. con sus exportaciones baratas

En su campaña electoral, Donald Trump dijo que China era responsable “del robo más grande en la historia del mundo”.

Acusó a ese país de “violar” a Estados Unidos con sus exportaciones baratas.

Cuando el editor de Economía de la BBC Kamal Ahmed le preguntó a mediados de diciembre al ministro de Finanzas de China, Shi Yaobin, su reacción a ese planteamiento, el funcionario respondió:

“Quiero decir que Estados Unidos es la economía más grande del mundo y China es la segunda, y que hay inmensos intercambios económicos y cooperación entre los dos países”, señaló.

“Y estos tipos de cooperación económica e intercambios han producido beneficios tangibles para los pueblos de ambos países”.

“Considero que esos beneficios deberían ser reconocidos por el presidente electo y los pueblos de los dos países”, dijo el funcionario.

Y es que, de acuerdo con Mike Rosenberg, tanto China como Estados Unidos han hecho lo que tenían que hacer.

“La política de exportaciones china tiene toda la lógica del mundo desde el punto de vista chino. Que Estados Unidos no haya puesto aranceles a los productos chinos también tiene sentido porque un mundo con libre de comercio beneficia a todos, sobre todo a Estados Unidos”, indica Rosenberg.

Lo último que quiere Estados Unidos es volver a un mundo con aranceles muy altos, señala.

3. “China es un manipulador de divisas, el más grande en el mundo”

Otra de las acusaciones que Trump lanzó durante la campaña electoral es que China es “el más grande manipulador de divisas del planeta” y ha devaluado a propósito el yuan para socavar los precios globales de las exportaciones.

“Esta acusación ha sido, por años, un punto de debate político pero los economistas indican que la tasa de cambio nominal es mucho menos importante que la tasa de cambio real, la cual refleja mano de obra, tecnología y otros costos de producción de bienes”, señaló Susan Hsu, de la revista Forbes.

Y como lo plantea Neil Gough en su artículo “China manipula su moneda pero no de la manera que Trump reclama” (“China manipulates its currency, but not in the way Trump claims“), publicado en septiembre en The New York Times, China está tratando de apuntalar el yuan.

“China ha gastado cientos de billones de dólares de sus reservas internacionales en el último año para apoyar el valor del renminbi y evitar que se debilite más drásticamente”, escribió Gough.

En vez de flotar libremente contra el dólar, las autoridades chinas se aseguran de que el yuan tenga una relación estrechamente estable con la moneda estadounidense.

Y la decisión del Banco Popular de China de devaluar el yuan siempre ha tenido consecuencias mundiales.

La más inmediata es un aumento de la competitividad de las exportaciones chinas, aunque Pekín niega que ese sea su propósito con la medida.

4. La balanza comercial entre ambos países desfavorece a EE.UU.

La arremetida de Trump contra China parece apuntar a que la globalización ha beneficiado a la potencia asiática y ha perjudicado a Estados Unidos, ubicando a su país en el lado de los perdedores.

Pero, como plantea el periodista Adam Davidson del medio estadounidense The New Yorker, “la economía global también le ha traído a Estados Unidos un tremendo superávit de inversión”.

El desbalance del intercambio comercial con China, el cual el presidente electo califica de negativo para su país, “refleja un mayor consumo de Estados Unidos, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) per capita es siete veces superior al de China“, explica por su parte Sara Hsu.

De acuerdo con el Banco Mundial, el PIB per cápita de Estados Unidos es de US$56.115,7, mientras que el de China se estima en US$8.027,7.

Y es que hay que recordar que China es un país que aún tiene grandes grupos de la población que viven en pobreza.

Con la definición de la línea de pobreza de menos de US$1 al día, se estima que el número de pobres en China asciende a cerca de 120 millones, según Yuwen Wu, editora para el este de Asia de la BBC.

Comercio de productos China-EE.UU.

Entre enero y noviembre de 2016

US$423.431 millones

Importaciones desde China hacia EE.UU.

  • US$104.149 millonesExportaciones de EE.UU. a China
  • US$319.282 millonesDéficit comercial con China

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